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La cruda y verdadera historia detrás de Nicky Crovetto

Cuando era niña, dado que mi colegio era solo para niñas, relacionarse con chicos era complicado y confuso para muchas de nosotras. Recuerdo mi primera fiesta mixta en la escuela. Invitaron a chicos de otra escuela y mi mamá, entusiasmada, se ofreció a maquillarme para la ocasión.


Era 1996, y las sombras de ojos "frosted" combinados con  labios intensos estaban de moda. Al llegar a la fiesta, mis "amigas" decidieron que llevaba demasiado maquillaje y me llevaron al baño para ayudarme a reducirlo. Yo, como siempre, seguía las indicaciones de los demás, no me importaba mi propia opinión. Durante esa noche, bailamos las coreografías de Fey y algunos movimientos prohibidos de la música del General. No recuerdo si bailé con algún chico, pero sí recuerdo que me divertí mucho.



Con el tiempo, empecé a valorar las opiniones de los chicos, además de las de mis amigas. En esa época, estaba de moda el SLAM, un libro donde cada uno respondía preguntas personales. Recuerdo que un día, en una reunión con chicos, me tocó leer las respuestas sobre quién era la más fea de la fiesta. Mi nombre aparecía repetidamente. Esto marcó el inicio de una historia de baja autoestima y complacer a los demás, sin importar cómo me sintiera yo misma.


Durante los primeros años de los 2000, mientras terminaba la secundaria, la imagen de mujeres como Cristina Aguilera y Britney Spears nos influenciaba a todas. Todas soñábamos con tener un abdomen plano, así que probábamos todas las dietas de moda. Me veía como una chica con sobrepeso comparada con mis compañeras, pero ahora, al mirar atrás, sé que estaba equivocada. Nosotras, como generación, estábamos obsesionadas con la delgadez, sin darnos cuenta de que lo más importante era la salud y el amor propio.


En 2002, me mudé a Europa y me interesé por la moda. Por primera vez, tenía acceso a las últimas tendencias a precios asequibles. Me di cuenta de que llamaba la atención, especialmente de los chicos. Este cambio radical no sanó la herida de mi adolescencia, sino que la cubrió con un vendaje hermoso. Sin embargo, fue un descubrimiento para mí. No solo me sentía más segura, sino que también podía expresarme a través de la moda. Empecé mis estudios en Holanda y vivía con mi novio en una casa de cuatro habitaciones. Una de ellas se transformó en un paraíso de la moda: ¡mi propio walking closet! Estudiar y organizar mi guardarropa se convirtió en una pasión, y hasta hoy conservo con cariño mis primeros libros sobre el tema.



Siempre me he considerado poco o nada creativa, pero en el mundo de la moda descubrí una habilidad inesperada: combinar colores y prendas. Para mí, la moda y el maquillaje son formas de arte que van más allá de las tendencias y el consumismo desenfrenado de grandes empresas. Observo esta expresión artística todos los días, desde que elijo mi atuendo matutino hasta el tono de lápiz labial. Incluso al salir a las calles, uno puede maravillarse ante la expresión artística en los estilos de cada ciudadano del mundo, siendo un espectáculo único y vibrante en sí mismo.




Recuerdo con cariño programas de televisión de transformaciones, pero el que más me inspiró fue el de Trinny y Susannah, ellas se enfocaban en la autoestima en lugar de cirugías y cambios físicos drásticos. ¿Es posible sentirnos hermosas sin convertirnos en alguien más? Sí, lo es. Lo experimenté en primera persona y lo compartí con mis amigas. Me sorprende aún cómo unos simples cambios pueden transformar nuestra percepción de nosotros mismos. Recuerdo a una amiga que, con un poco de maquillaje y un atuendo adecuado, parecía una estrella de cine en lugar de la chica cansada que solía ser por las mañanas. Otra amiga encontraba en unas pantis negras y un labial rojo su amuleto para empezar el día con confianza y autoestima.



¿Pero cómo logre sanar esa herida del pasado? Lo logré cuando comprendí que el amor propio es la clave para sanar las heridas más profundas y cada día avanzo un poco más en este proceso. Al prestar atención a mi apariencia, descubrí el valor de mis cualidades y aprendí a mirarme con nuevos ojos en el espejo.Ya no veo a la chica fea que solía ver frente a mi, sino a una mujer hermosa. Después de rizarme las pestañas y aplicarles rímel, puedo apreciar mis ojos color café. Al vestir ese traje que realza mis hombros, alarga mi torso y celebra mis curvas, me siento empoderada. Completando el conjunto con unos zapatos que estilizan mis piernas, obtengo la confianza necesaria para dar pasos hacia el éxito.


A menudo, con un poco de autodisciplina en el cuidado personal, logramos conectar con nuestra belleza interior y nuestro amor propio. Y ese es el objetivo que persigo con cada una de mis clientas. Quiero ayudarlas a descubrir sus propias cualidades y a enamorarse de sí mismas. Quiero que, al mirarse en el espejo, reconozcan lo maravillosas que pueden lucir con solo unas pocas herramientas.

¡Mi meta es que en su reflejo se vean y se sientan Gran-Diosas!


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